La Navidad Brasileña

En cada parte del mundo hay una forma distinta y única de celebrar la Navidad. Cuando viví en Londres conocí una colombiana que me preguntó qué el niño Jesús me había regalado de Navidad. Yo no entendí la pregunta y le dije que nada, que estaba solo en Londres y que no había ganado regalo algún de nadie. Después de algunas preguntas entendí que, en Colombia, quien teóricamente da los regalos a los niños es el niño Jesús. En Brasil el niño Jesús solamente aparece en los pesebres, pero nada regala, es un bebé! Quien regala en Brasil es el Papa Noel.

Esta es una de las tantas similitudes entre la tradición navideña de Estados Unidos y Brasil. Además de copiar el nombre (sí, el nombre completo de Brasil es Estados Unidos del Brasil) y el modelo de vida, copiamos casi toda la Navidad americana.

En Brasil se pasa 364 días en el año sin siquiera acercarse de carne de pavo; en la Nochebuena, comemos pavo. Quien trae los regalos, como ya dije, es el yanqui Santa Claus que viene con las mismas ropas. El detalle es que, debido a la posición geográfica de Brasil, en diciembre es verano. Pobre de los Papás Noel. Sudan y sufren como pocos en esta época, es un trabajo duro.

La locura es tanta que, en plena Bahia o Río de Janeiro, con sus temperaturas de 40 grados de diciembre, las decoraciones de comercios, centros comerciales y casas es llena de…sí, algodón. Para dar el clima del hemisferio norte de Navidad con sus grandes cantidades de nieve, la gente acaba gastando fortunas en algodón que hacen el papel de la nieve que está lejos de una tierra soleada.

Nunca me voy a olvidar de un Papá Noel de mi infancia que era en la verdad mi primo (ojalá que niños no lean esta columna, estarían en este momento decepcionados con mi revelación). Él llego tarde, casi a la media noche a la fiesta. Muchos niños ya estaban desesperados creyendo que sus groserías a lo largo del año realmente habían sido punidas por el viejito de la barba branca. Pero no, él llegó. Los más pequeños, casi dormidos, lloran porque tienen está relación increíble de amor y odio con este personaje que sí, si miramos bien, es algo temible. Los más grandecitos lo cercan, pero los aún más grandes como yo se dan cuenta que el Papá Noel estaba algo borracho. El exceso de alcohol en la sangre sumados al calor de 30 grados por la noche, más las ropas y barbas, los niños sentados en sus piernas, bueno, todos estos factores hacían con que el viejito durmiera a cada rato, entre un regalo y otro.

Los adultos decían, “vamos niños, rápido porque el señor se tiene que ir a dormir y todavía le faltan muchas casas por visitar”.

Todo terminó bien felizmente, pero a cada Navidad cuestiono el hecho de no adaptarnos, por lo menos un poquito, las tradiciones, o, lo mínimo: acabar con el desperdicio de algodón.

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